A gatillo limpio
Un hombre y una mujer jóvenes que pudieron haber sido algo en la vida, pero que se habían quedado poco menos que nada, estaba ocurriéndoles algo muy chocante hallándose a muchas millas de distancia el uno del otro. No se conocían, pero no tardarían en conocerse en circunstancias muy dramáticas.
El hombre, Spen Lentz, en Develan, cerró los ojos al verse ante el espejo de la barbería donde le estaban afeitando. Cada vez que se sentaba en una barbería hacía lo mismo, simulando quedar dormido.
Spen no conocía nada tan desagradable ni insubstancial como la palabrería de los barberos. Se sabía de memoria todos estos comienzos de conversaciones de los barberos que conocía.
lunes, 23 de mayo de 2011
Tumba india
Tumba india
El hombre que estaba sentado cerca del borde del camino, con las piernas cruzadas y un rifle sobre las rodillas, achicó de pronto los ojos, fija su mirada en la lejanía, allá donde si iba alzando una nube de polvo, grande y densa, acercándose.
Estuvo así unos segundos y luego volvió la cabeza.
-¡Eh, Trotter! -llamó.
Los cuatro hombres que estaban tumbados tras él, entre las rocas, se incorporaron a la vez y se miraron. Pero sólo uno de ellos se puso en pie y se acercó vivamente. Miró hacia donde señalaba el otro, hacia la densa nube de polvo.
El hombre que estaba sentado cerca del borde del camino, con las piernas cruzadas y un rifle sobre las rodillas, achicó de pronto los ojos, fija su mirada en la lejanía, allá donde si iba alzando una nube de polvo, grande y densa, acercándose.
Estuvo así unos segundos y luego volvió la cabeza.
-¡Eh, Trotter! -llamó.
Los cuatro hombres que estaban tumbados tras él, entre las rocas, se incorporaron a la vez y se miraron. Pero sólo uno de ellos se puso en pie y se acercó vivamente. Miró hacia donde señalaba el otro, hacia la densa nube de polvo.
Más rápido es el Colt
Más rápido es el Colt
El jinete consultó el dinero que le quedaba, antes de entrar en el pueblo. No llegaba a ocho dólares.
Oprimió con sus rodillas al bruto que montaba, y éste siguió su camino sin prisa.
Hacía más de dos meses que no encontraba el menor rastro que la persona que buscaba y que escapó de su lado sin decirle nada, cuando se había encariñado con él.
Había sido su compañero por una temporada y nunca le había preguntado una sola palabra de su vida pasada, aunque ya conocía el Oeste lo suficiente como para saber que no quería referirse para nada a ella.
En cambio, él era locuaz. Habló de sus cosas que le llevaron a tantas millas de su tierra: Virginia.
Muchas veces, mientras cabalgaba en los tres años que rodaba por la tierra de que tanto oyera hablar cuando era muy jovencito, pensaba en los que había sido su vida anterior y la que llevaba.
El jinete consultó el dinero que le quedaba, antes de entrar en el pueblo. No llegaba a ocho dólares.
Oprimió con sus rodillas al bruto que montaba, y éste siguió su camino sin prisa.
Hacía más de dos meses que no encontraba el menor rastro que la persona que buscaba y que escapó de su lado sin decirle nada, cuando se había encariñado con él.
Había sido su compañero por una temporada y nunca le había preguntado una sola palabra de su vida pasada, aunque ya conocía el Oeste lo suficiente como para saber que no quería referirse para nada a ella.
En cambio, él era locuaz. Habló de sus cosas que le llevaron a tantas millas de su tierra: Virginia.
Muchas veces, mientras cabalgaba en los tres años que rodaba por la tierra de que tanto oyera hablar cuando era muy jovencito, pensaba en los que había sido su vida anterior y la que llevaba.
La marca roja
La marca roja
La mesa puesta para los convidados a la boda. Pero la desgracia impidió que hubiera banquete. Poco después de la ceremonia moría el novio. La recién casada contemplaba el cadáver de su esposo sin poder dar crédito a lo que estaba viendo.
Con una entereza extraordinaria besó el cadáver caliente aún.
El doctor, que se abría paso entre los sorprendidos invitados, se inclinó hacia el joven y, al incorporarse, comentó:
-Hace tiempo le dije que debía cuidarse. Le envié a un especialista de la capital y no me hizo caso. Le ha matado la emoción del acto que se ha celebrado. Su corazón no lo ha resistido.
La mesa puesta para los convidados a la boda. Pero la desgracia impidió que hubiera banquete. Poco después de la ceremonia moría el novio. La recién casada contemplaba el cadáver de su esposo sin poder dar crédito a lo que estaba viendo.
Con una entereza extraordinaria besó el cadáver caliente aún.
El doctor, que se abría paso entre los sorprendidos invitados, se inclinó hacia el joven y, al incorporarse, comentó:
-Hace tiempo le dije que debía cuidarse. Le envié a un especialista de la capital y no me hizo caso. Le ha matado la emoción del acto que se ha celebrado. Su corazón no lo ha resistido.
Jinetes enlutados
Jinetes enlutados
-¡Eh, tú! Ten un poco más de cuidado.
-No te asustes, preciosa. Es polvo nada más lo que se desprende de mis ropas.
-Has podido sacudirte en la calle. ¡No se puede respirar a tu lado!
El grupo de mineros que entraba en el saloon en ese momento reía con fuerza.
Y empujaron al compañero con quien la muchacha protestaba hacia ella.
Una gran nube de polvo se desprendió en aquel rápido movimiento.
-¡Esto no hay quien lo soporte! -exclamó la muchacha, echando a correr hacia el interior del local.
Edgar Harris, el propietario del establecimiento, dijo a uno de sus hombres de confianza: -Acércate a ver qué le ha ocurrido a Diana. Ordénala que continúe en la puerta. Avísame cuando llegue tu amigo Jack. Es la persona que más estoy necesitando en mi negocio.
-¡Eh, tú! Ten un poco más de cuidado.
-No te asustes, preciosa. Es polvo nada más lo que se desprende de mis ropas.
-Has podido sacudirte en la calle. ¡No se puede respirar a tu lado!
El grupo de mineros que entraba en el saloon en ese momento reía con fuerza.
Y empujaron al compañero con quien la muchacha protestaba hacia ella.
Una gran nube de polvo se desprendió en aquel rápido movimiento.
-¡Esto no hay quien lo soporte! -exclamó la muchacha, echando a correr hacia el interior del local.
Edgar Harris, el propietario del establecimiento, dijo a uno de sus hombres de confianza: -Acércate a ver qué le ha ocurrido a Diana. Ordénala que continúe en la puerta. Avísame cuando llegue tu amigo Jack. Es la persona que más estoy necesitando en mi negocio.
Frontera de Alaska
Frontera de Alaska
La factoría de York, que años antes era la única vivienda, era en realidad, en la época que nos ocupa, un pueblo pequeño aún, pero pueblo al fin. Cerca de los muelles, entre los bosques de abedules, abetos y pinos, muchas canoas, de corteza de abedul la mayoría, hablaban de otros tantos propietarios o familias.
Por habérseles ocurrido a los que construyeron los almacenes de la factoría hacer paralelos los edificios, todas los siguientes construcciones siguieron la misma dirección, a uno y a otro lado de la calle, por lo que resultaron tan rectas y tan iguales las edificaciones, que más parecían de juguete que de realidad.
El viento huracanado del Norte lanzaba contra los edificios, con intensidad creciente, copos de nieve, que, helados, sonaban en los cristales del saloon de Mack Tomkins, semidesierto, cual sinfonía desagradable.
La factoría de York, que años antes era la única vivienda, era en realidad, en la época que nos ocupa, un pueblo pequeño aún, pero pueblo al fin. Cerca de los muelles, entre los bosques de abedules, abetos y pinos, muchas canoas, de corteza de abedul la mayoría, hablaban de otros tantos propietarios o familias.
Por habérseles ocurrido a los que construyeron los almacenes de la factoría hacer paralelos los edificios, todas los siguientes construcciones siguieron la misma dirección, a uno y a otro lado de la calle, por lo que resultaron tan rectas y tan iguales las edificaciones, que más parecían de juguete que de realidad.
El viento huracanado del Norte lanzaba contra los edificios, con intensidad creciente, copos de nieve, que, helados, sonaban en los cristales del saloon de Mack Tomkins, semidesierto, cual sinfonía desagradable.
Una sombra en el camino
Una sombra en el camino
El silbido del tren expreso de la línea Texas-Pacífico animó a Wade Holden a atreverse a exponer un argumento más contra el improvisado ataque y robo que su jefe había proyectado. En pie, en medio de la oscuridad de la noche, bajo los árboles, con el rostro húmedo por la niebla, mientras los caballos se cubrían de espuma, Wade pensó rápidamente y comprobó el peligro que revestía el hablar mal de los hombres a quienes Simm Bell había escogido como compañeros para la realización de un acto de bandidaje.
-Escucha, Simm -murmuró Wade junto al oído del sombrío y delgado proscrito que se hallaba junto a él- Es demasiado repentino este ataque. Tenemos ya preparado por completo el otro atraco: el del Banco.
El silbido del tren expreso de la línea Texas-Pacífico animó a Wade Holden a atreverse a exponer un argumento más contra el improvisado ataque y robo que su jefe había proyectado. En pie, en medio de la oscuridad de la noche, bajo los árboles, con el rostro húmedo por la niebla, mientras los caballos se cubrían de espuma, Wade pensó rápidamente y comprobó el peligro que revestía el hablar mal de los hombres a quienes Simm Bell había escogido como compañeros para la realización de un acto de bandidaje.
-Escucha, Simm -murmuró Wade junto al oído del sombrío y delgado proscrito que se hallaba junto a él- Es demasiado repentino este ataque. Tenemos ya preparado por completo el otro atraco: el del Banco.
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