miércoles, 8 de julio de 2020

Gordon Lumas

El negro espectro del mal

La muchacha se llevó las manos a la espalda, soltó los botones aquí, unos cierres allá, y el escotado vestido se deslizó al suelo como a regañadientes, cual si se resistiera a abandonar la sucesión de curvas que era el prieto cuerpo de la dama.
Los ojos fríos del hombre la contemplaron de arriba abajo, y si la visión del cuerpo sólo cubierto por un par de excitantes filigranas de encajes y calados le impresionó supo ocultarlo a la perfección. Nada en la expresión de su cara delató sus emociones.
La muchacha dijo:
-Bueno, encanto, empieza a quitarte cosas tú también.
Terry MacLean parpadeó.
-¿Qué?
-No pensarás acostarte conmigo con espuelas y todo, supongo.
-Oh, eso...
-Sí, eso. Y deja de mirarme de ese modo, ¿quieres? Tienes unos ojos muy raros.
-¿Qué diablos tienen de raros...?

No hay comentarios:

Publicar un comentario