martes, 19 de abril de 2016

Silver Kane

Una fianza de diez mil dólares

La diligencia estaba llegando a Cumberland Oaks, en las tierras altas de Arizona. El mayoral gritó:
-Señores... ¡descansamos una horaaa...!
Los "señores" se empezaron a despertar en el interior del vehículo. Eran una pandilla de indeseables, de piojosos y de truhanes, por lo cual eso de oírse tratar como unos caballeros les impresionó de verdad. El que estaba junto a la ventanilla se frotó los ojos, miró el paisaje y gruñó:
-Eh, chicos, mirad... Es un sitio estupendo, con hotel, comedores y bar por todo lo alto. A lo mejor hay hasta tías.

Silver Kane

Tragedia en Tuba-City

Los cinco hombres habían dejado atrás el Monte Navajo, en el norte de Arizona, con su mole de diez mil cuatrocientos pies de altura.
Para llegar hasta allí habían seguido el Gran Canyon, en el que se encajonaba el río Colorado, que en aquella zona es tempestuoso, áspero y rugiente.
El sol pegaba fuerte.

Silver Kane

Seis hombres van a morir

El cartel indicador había sido arrancado y quemado en parte, pero se leía lo que dijo hasta horas antes:
Nuevo México
Acababa, en efecto, de cruzar la frontera. Claro que de no ser por aquel cartel no lo hubiera notado, ya que atrás dejaba polvo, sudor y sed, y delante, por lo que se veía, sólo iba a encontrar sed, sudor y polvo.
Pero espoleó su caballo y siguió adelante.

Silver Kane

Pueblo negro

Richard Caster examinó su revólver.
-¿A veinte pasos?
-No tengo inconveniente. A veinte pasos.
Los dos rivales se miraron a los ojos antes de separarse. Richard era más alto que Ramsay, pero éste le aventajaba en corpulencia. Y tenía, sobre todo, un brillo más peligroso en los ojos.
-Si me matas habrás terminado tu misión, Richard. Y los capitostes de Washington te darán una banda azul para adornar tu pecho.

Silver Kane

Los muertos me caen simpáticos

El alcaide de la prisión de Cannon Bay hizo una seña muy discreta, una de esas señas que nadie parece ver.
Pero el verdugo la captó. Le dijo con suavidad al condenado:
-Bueno, muchacho, esto aún tardará un poquito. Tienes tiempo para rezar...
Y en aquel momento, mientras hablaba, movió la palanca que hacía funcionar la trampilla.

Silver Kane

La sangre de los valientes

El hombre se puso en pie y dijo:
-Judith Lauren está usted libre.
La mujer se estremeció. Cerró los ojos un momento.
Al abrirlos vio de nuevo aquella habitación en la que tal vez no volvería a entrar nunca más. Vio de nuevo las dos grandes ventanas enrejadas que proyectaban luz sobre la mesa. Docenas de expedientes estaban agitados a ambos lados de ésta, y tus papeles amarillentos causaban una sensación de tristeza que llegaba como la punta de un cuchillo hasta lo más profundo del alma.

Silver Kane

La ciudad que no existía

El primero de los jinetes señaló hacia lo alto de la colina.
-Allí -murmuró.
Picó espuelas y los otros tres jinetes siguieron tras él.
Eran cuatro hombres cubiertos de polvo, con barba de varios días. Llevaban cada uno de ellos un revólver al cinto y un rifle en la silla.