martes, 19 de abril de 2016

Curtis Garland

La dama del crimen

Tal como prometiese en su programa electoral camino de La Casa Blanca, Franklin Delano Roosevelt, apenas nombrado Presidente de los Estados Unidos (1933), lo primero que hizo fue abolir la tristemente famosa "Ley Seca", pero todos aquellos que se habían enriquecido gracias a ella, sin importarles derramar sangre, no estaban dispuestos a prescindir de los ingresos millonarios que les proporcionaban sus destilerías clandestinas. De esto nos habla Curtis Garland, en La dama del crimen con su habitual estilo, en el que baraja con la habilidad que le caracteriza tensión, violencia e intriga, elevadas a extremos insospechados. Los Intocables en un episodio arrancado de la vida real.

Curtis Garland

Boda de ultratumba

El disoluto millonario Desmond Doyle ha dilapidado su fortuna. Arruinado, abandonado por su novia, perseguido por multitud de acreedores y consciente, aunque tarde, de la descomposición moral en la que se ha sumido una vida de vicio, decide poner fin a su vida.

Burton Hare

El duque de la muerte negra

Las zonas pantanosas de Nueva Inglaterra, en los días que la niebla se eleva como un oscuro sudario, tiene reflejos irreales, misteriosos, en los que podría esperarse que aparecieran trasgos y brujas, monstruos y demonios como en las viejas leyendas medievales.
Son tierras apenas visitadas por algunos cazadores.
O por lo menos lo eran cuando aún se encontraba caza en ellas.

Sam Fletcher

La muerte llega al final

En Silver City, Nuevo México, no sólo imperaba la violencia.
Sus ciudadanos no desaprovechaban la ocasión de celebrar fiestas en el aspecto particular y oficial también.
Gente alegre la de Silver City, acostumbrada a oír los estampidos de las armas a cualquier hora del día o de la noche.
Corría el mes de junio de 1878. El día de San Antonio era muy celebrado en la ciudad, que crecía rápidamente. Cada vez había más gente en las calles y junto a la zona de edificaciones de madera proliferaban ya las construcciones de ladrillo con vistosos tejados rojos.

Richard Jackson

Desarmado

-¡Cuidado, amigo! Si dobla la esquina puede encontrarse con un buen balazo.
Peter Bunker no necesitaba advertencia. Los tiros habían comenzado tres minutos antes y el estrépito de la pelea se oía en todas las calles cercanas. Acudía, precisamente atraído por el ruido de las descargas.
-¿Qué ha pasado?
-Lo de siempre. Unos vaqueros que bebieron más de la cuenta y que luego decidieron resolver sus diferencias en plena calle y a balazo limpio.

Ray Lester

Un pistolero en la familia

-Los padres no tiene derecho a imponer un marido a sus hijas, como si estuviésemos en la Edad Media, Patty. Eso pasó de moda hace años, querida. Aquí, en San Luis, los derechos de la mujer empiezan a ser respetados. Ya se acabó aquello de que los padres nos buscaban marido desde el instante en que lanzábamos el primer berrido. Ahora sólo tienen el deber de deslomarse como burros para que nosotras podamos lucirnos y dedicarnos plenamente a la caza del hombre.

Peter Kapra

Emboscados

La puerta del despacho del coronel Darrick se abrió violentamente, sorprendiendo al soldado que montaba guardia ante ella.
-¡Soldado! -rugió el jefe del Fuerte Morgan-. ¡Conduzca al calabozo al teniente Cox!
Detrás del coronel, apareció el joven oficial, cuyo bien parecido rostro estaba descongestionado por la ira.
-¡Es usted un canalla, coronel Darrick! -masculló el teniente Cox, haciendo un gesto amenazador, como si quisiera golpear al coronel.