sábado, 18 de enero de 2014

Marcial Lafuente Estefanía

La paz de Andy Sheridan

La guerra de Secesión, entre los Estados abolicionistas y esclavistas, había finalizado hacía meses.
En los cuatro años que duró la contienda, Bob Rocke, considerado como uno de los hombres más estimados del estado de Alabama, había perdido su fortuna. Podía asegurarse, sin temor a equivocaciones, que durante la lucha, con su apoyo económico al Ejército Confederado había quedado en la ruina. Lo único que conservaba de su antigua fortaleza económica era la casa en que vivía con su hija Alma y una extensa plantación desolada por la acción de la guerra.

Marcial Lafuente Estefanía

Jinete justiciero

-Existen diferentes versiones sobre objetos personales que pertenecieron a uno de los hombres...
-Aquí tiene el dinero -interrumpió el alto joven al subastador-. Ahórrese la molestia de más explicaciones. No estoy interesado en esas leyendas.
-Bien. ¿A qué nombre?
-¡Ben Sheffield! -respondió.
Los murmullos aumentaron y todos miraban al joven que por su alta talla era fácil de descubrir.
-¡El hijo! -decían.
El que dijo llamarse así depositó el dinero sobre la mesa del subastador.

Marcial Lafuente Estefanía

En el pico más alto

-Muy bien, Jesse, muy bien. Así, así es como se hace... sujétale bien, eso es... Lo has conseguido, muchacho..., ¡muy bien! -comentaba para sí Julius Aaron observando con interés todos los movimientos que hacía su nieto-. ¿Sabes una cosa, Jesse? -agregó-. Aunque nunca te lo he dicho, me siento muy orgulloso de ti... Quieto, vaya, hombre, ¿es que no me has oído? Duerme un poco más... ¡Fíjate! Puedes verlo tú también. ¡No existe un caballo como ése en todo el territorio de Arizona! Y el que ha conseguido darle caza es mi nieto, ¿sabes? ¡Basta! No me molestes ahora, te lo suplico...

Marcial Lafuente Estefanía

El herrero de El Paso

-¡Linda! No quiero que vengas por aquí con tanta frecuencia.
-No es un delito distraer a este muchacho. Al mismo tiempo aprendo muchas cosas de él.
-Pero pueden pensar mal. Así que vas a suspender tus visitas.
-¿Es que no puedo venir a ver a mi padre tampoco? Esta es tu oficina. Y aquí está tu trabajo, ¿no es así?
-De todos modos, no quiero que vengas.
-Tú no eres el que ha decidido esto. Lo ha decidido tu amo.

Marcial Lafuente Estefanía

El furgón negro

Comían en silencio Agatha y su padre.
El sheriff miraba de vez en cuando a la muchacha.
-Es una tontería -dijo al fin- que te enfades conmigo. Nada puedo hacer.
-¿Es que no conoces a Tom...? ¿Vas a creer a ese cobarde ventajista de Fairbanks...?
-No depende de mí ni tiene importancia alguna lo que yo pueda pensar... Es cierto que Tom lo que yo pueda pensar... Es cierto que Tom no anda bien económicamente desde hace una temporada.

Marcial Lafuente Estefanía

¡Cuando gane con el Colt!

Cary caminaba por el centro de la calzada con más de tres pulgadas de polvo y pensaba en los que sería esa calle en un día de lluvia. Imaginaba un barrizal por el que no se podría caminar a pie. Y al fin, decidió lo más correcto. Montar sobre el animal y buscar un herrero que era lo que consideraba más urgente, porque una de las herraduras estaba bastante floja.
Había preguntado por el taller de algún herrero y le indicaron que siguiera por esa calle, pero como la distancia se hacía excesiva para seguir caminando por un mar de polvo, saltó sobre el animal. Y no tardó en encontrar lo que buscaba.

Adam Surray

Tiempo de morir

Harold Hawkins alzó el vaso de whisky.
Con una amplia sonrisa en los labios.
-Eres el primero en saberlo, Warren. Nancy aún no quiere que se conozca nuestro compromiso; pero es cosa hecha. Poco a poco irá tanteando el terreno con su padre. ¿Te das cuenta? ¡En un futuro próximo me convertiré en el yerno del gran Peter Tuchner! Dejaré de ser un vulgar empleado de la Tucher Paper para pasar a máximo dirigente de la compañía. El viejo Tuchner pronto cederá el mando y... ¿Qué diablos te ocurre, Warren? Cualquiera diría que te estoy comunicando el fin del mundo.