Charcas malditas
La chica pone ojos de carnero tierno a medio morir.
-¿Volverás pronto, Pat?
-Sí.
-¿Me escribirás?
-Sí.
-¿Te cuidarás mucho?
-Sí.
-¿Me olvidarás?
-Sí.
-¿Eh?
Sus ojos no son ya de carnero, sino de toro dispuesto a embestir. Me doy cuenta de que he metido la pata y rectifico a toda velocidad.
-Perdona, Stella. Me he equivocado. Pero la verdad es que me estás sometiendo a un verdadero interrogatorio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario