sábado, 18 de enero de 2014

Silver Kane

El fantasma del Valle de Cristo

Johnny Burton fue el primero en ver el fantasma. Fue el primero en captar su misteriosa música.
Porque, eso sí, todo empezó con aquella música, con aquella extraña melodía que flotó en la niebla como una canción de otro mundo.
Johnny Burton estaba vigilando las evoluciones de un potrillo recién nacido, en la zona del valle donde dejaba a sus animales en libertad, cuando oyó sonar aquel violín. Y como oír allí la música de un violín era tan extraño como oír los cañonazos de un buque de guerra, el ganadero dejó de prestar atención al potrillo y tensó las orejas mientras por un momento tenía la sensación de no entender nada. Pero el violín se oía tan claramente que muy pronto comprendió que no estaba soñando.

Silver Kane

Asesino profesional

Se acercó lenta, pausadamente. Sus espuelas producían un sonido cantarino al andar. El ruido de las pisadas sobre la gravilla también marcaba cada uno de sus pasos.
El hombre era alto y muy corpulento. Llevaba una camisa abierta en parte y mostraba el pecho velludo. Sus brazos eran muy largos y una de las manos, la derecha, acariciaba la culata de su "Colt".
Frente a él había unos diez hombres más.

Marcial Lafuente Estefanía

Trágica carrera

-No debieran acudir a esa invitación... Tienen que terminar por convencerse de que se nos odia de la manera más intensa... Y, especialmente, esa familia que es la que capitanea todo cuanto es molesto para nosotros.
-Se trata de la sobrina que ha llegado hace unos días. Es ella la que firma la invitación.
-No esperen que sea distinta. Todos estos californianos sienten un odio hacia nosotros, que temo termine cualquier día en una revuelta. Están buscando el apoyo de los indios de todo el  Sudoeste... -dijo el coronel al mayor y al capitán, que estaban en su despacho.

Marcial Lafuente Estefanía

Tierra desafiante

-¿Quién ha dicho que traigas ese caballo a esta cuadra?
-El capataz.
-Dile que yo no quiero que se haga. Así que déjale donde estaba.
-Es que es orden de la hija del patrón...
-¡Te he dicho que lo dejes allí!
El vaquero, encogiéndose de hombros, así lo hizo, y marchó para dar cuenta de ello a Rock.

Marcial Lafuente Estefanía

Madera de pistolero

La guerra de Secesión había identificado en la comunidad de propósitos y de peligros a los seres más heterogéneos.
Permitió que la intolerancia en ciertas clases privilegiadas se hiciera más flexible por la necesidad constante convivencia de aquellos seres considerados hasta entonces de inferior categoría, incluso en lo biológico.
Los jóvenes de la llamada aristocrática Virginia convivieron, al ser arrancados de sus plantaciones y palacios, con hombres modestos, pudiendo comprobar que también éstos tenían corazón y sentimientos.

Marcial Lafuente Estefanía

Listos para arrastrar

-Escuche esa canción, capitán... Es maravillosa.
-Escuchará muchas a la orilla del río a medida que vayamos descendiendo. Estamos llegando a Onawa... Pronto se verá el gran almacén. De allí es de donde parten esas voces. Es una especie de gritos de libertad de los que hasta hace poco pertenecieron a la esclavitud... En esa dirección está el gran almacén.
La elegante joven miró hacia el lugar que el capitán le indicó.

Marcial Lafuente Estefanía

La paz de Andy Sheridan

La guerra de Secesión, entre los Estados abolicionistas y esclavistas, había finalizado hacía meses.
En los cuatro años que duró la contienda, Bob Rocke, considerado como uno de los hombres más estimados del estado de Alabama, había perdido su fortuna. Podía asegurarse, sin temor a equivocaciones, que durante la lucha, con su apoyo económico al Ejército Confederado había quedado en la ruina. Lo único que conservaba de su antigua fortaleza económica era la casa en que vivía con su hija Alma y una extensa plantación desolada por la acción de la guerra.